martes, 13 de diciembre de 2011

Humo.

Mis ojos de calle sucia.
Mis manos de vereda solitaria.
Mi rostro de ciudad desierta.
Mi voz de automóvil melancólico.
Hablan.
Dicen.
Muestran a la soledad naciente.
Siente el aroma humeante del motor.
El jardín mecánico.
Con su eterno ronronear.
Que detiene el tiempo.
Detiene el espacio.

Las horas pasaron ya.
Los cipreses cubren toda esta tierra.
¿No ves que rodean tu conciencia?.
La luna reposa.
Y el mar vomita sus penas.
¡Ey! hay demasiados pájaros libres.

Puedo tocar arpegios en tu piano.
Arpegios al ritmo de mis latidos.
Latidos a la temperatura de mis manos.
El espacio llora y se inunda de estrellas, tantas que no es posible ver.
Son las tres de la tarde y ya oscureció.
Hay mucho humo de tabaco rodeando la tierra.
Hay mucho humo ahogando las conciencias marchitas.

Debemos correr al abismo.
Debemos saltar del abismo.
Debemos descender al mundo.
Ser atropellados por la realidad.
Creemos una parte de infinito para nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario