Amargas y disimuladas miradas de la más abosoluta soledad reinante, despojan de sus vestimentas simbólicas al travestido espíritu de la noche, oscuro y ambiguo; lágrimas corrosivas de la sentencia de muerte, la despedida final, alejan al sol de su posición, oscureciendo todo con su apagada e inexistente luz. Un fusil entona un himno, con los nombres de cada uno de sus víctimas; espero no escuchar esos nombres malditos, de aquellos desgraciados que el infortunio del destino quizo que su final fuese así. Espero no ver puertas de vidrio, ni ventanas de madera en mi casa, solo una puerta de papel, lo suficientemente delgado, como para atravesarla con mi silueta, sin vergüenzas. Los médicos presentan un macabro baile erótico con la muerte, que es su peor enemigo, les priva de ganar, un baile erótico como modo de mantener una amistad sombría, pero necesaria. Las múltiples realidades visibles desde aquí, reciben latigazos de odio, y de amor, dados al mismo tiempo, por un sacerdote. Un romance inconcluso e inexistente se masturba entre las sombras de los árboles del camino, si lo ves, harás lo mismo.
Como en cada leyenda, hay una enseñanza de por medio, menos en esta, porque no es leyenda.
La historia sigue con la obsesión casi sexual de un joven por una melodía, una melodía que nadie ha escuchado, sólo él; logra exitarse con ella, la gente cree que está enfermo, aunque sólo él ha escuchado la melodía más imponente que pueda escuchar un ser humano.
El orgullo baila un Fox-trot en medio de el odio, baila junto a la desesperanza, pretenden aniquilar a la soledad, y convertirse en angustia, pero lo dejarán para otro baile, quizá un tango, quizá un swing.
El fantasma de Allende perturba a un perro, mientras que la sombra de Pinochet le provoca diarrea; un gato ve esto, y no reacciona; el sol habla con las nubes, que no lo dejan ver, quiere mirar el cahuín, pero, es marginado, al parecer, es muy luminoso, puede cegar.
Un esquizofrénico golpea a un niño indefenso en plena vía pública, aunque a nadie parece interesarle, es un país donde todos son seres bizarros, parafílicos, sexópatas y políticos; se pueden ver en los buses ovejas con corbata, y cerdos aspirando cocaina en las nalgas de una prostituta, mientras es sodomizada por un anciano, este servicio cuesta lo mismo que ayudar a 3 huérfanos.
En una parte hay un abismo, un abismo sombrío, donde siempre llueve, hay niebla, y de la nada, surgen las cenizas que desvirgan a las mentes inertes, plagadas de fantasías eróticas con ropa; pueriles niños de no más de 14 años espían a sus vecinas de 13, que saben ya más de lo que ellos conocerán hasta los 19 años; mientras eso pasa, ancianas se prostituyen en una esquina, por un poco de heroína, lo necesitan para sus funciones vitales, los cietíficos descubrieron que puede extender la vida, y el periodo fertil de la mujer, aunque, es solo una invención para ganar dinero, pero, funcionan como placebos.
Mientras la policía practica atletismo en una carretera recién asfaltada, destinada exclusivamente a caminar; el premio es el jefe, el primero en llegar a la meta, puede practicar antropofagía, urofagia y coprofagia (en ese mismo orden) con él.
De los muchos milagros que nos brindó Cronos, están los recuerdos que a cada momento, se envejecen y despiden la adolescencia. La voluntad forzada alza las fortalezas de la angustia, encerrando la esperanza en una catacumba bajo el océano, custodiado por un gran Leviatán; la oscuridad de el día, es más densa que el de una noche sin palabras.
El viaje en paracaídas se hace enterno, aunque, ya lo terminé, no obstante, el sonido del viento me persigue, me transforma en un ser que se derrite ante la luz de la luna, en un paisaje onírico, en sepia, un desierto en blanco y negro, un paraje Argelino.
El insano grito violento, que proclaman los patriotas, ahorca y pudre la delgada línea de la libertad; el sufrimiento será una forma de placer en el desierto.
Un Oasis. Sin agua.