jueves, 28 de julio de 2011

Oasis desierto en medio del desierto.

Amargas y disimuladas miradas de la más abosoluta soledad reinante, despojan de sus vestimentas simbólicas al travestido espíritu de la noche, oscuro y ambiguo; lágrimas corrosivas de la sentencia de muerte, la despedida final, alejan al sol de su posición, oscureciendo todo con su apagada e inexistente luz. Un fusil entona un himno, con los nombres de cada uno de sus víctimas; espero no escuchar esos nombres malditos, de aquellos desgraciados que el infortunio del destino quizo que su final fuese así. Espero no ver puertas de vidrio, ni ventanas de madera en mi casa, solo una puerta de papel, lo suficientemente delgado, como para atravesarla con mi silueta, sin vergüenzas. Los médicos presentan un macabro baile erótico con la muerte, que es su peor enemigo, les priva de ganar, un baile erótico como modo de mantener una amistad sombría, pero necesaria. Las múltiples realidades visibles desde aquí, reciben latigazos de odio, y de amor, dados al mismo tiempo, por un sacerdote. Un romance inconcluso e inexistente se masturba entre las sombras de los árboles del camino, si lo ves, harás lo mismo.

Como en cada leyenda, hay una enseñanza de por medio, menos en esta, porque no es leyenda.

La historia sigue con la obsesión casi sexual de un joven por una melodía, una melodía que nadie ha escuchado, sólo él; logra exitarse con ella, la gente cree que está enfermo, aunque sólo él ha escuchado la melodía más imponente que pueda escuchar un ser humano.

El orgullo baila un Fox-trot en medio de el odio, baila junto a la desesperanza, pretenden aniquilar a la soledad, y convertirse en angustia, pero lo dejarán para otro baile, quizá un tango, quizá un swing.

El fantasma de Allende perturba a un perro, mientras que la sombra de Pinochet le provoca diarrea; un gato ve esto, y no reacciona; el sol habla con las nubes, que no lo dejan ver, quiere mirar el cahuín, pero, es marginado, al parecer, es muy luminoso, puede cegar.

Un esquizofrénico golpea a un niño indefenso en plena vía pública, aunque a nadie parece interesarle, es un país donde todos son seres bizarros, parafílicos, sexópatas y políticos; se pueden ver en los buses ovejas con corbata, y cerdos aspirando cocaina en las nalgas de una prostituta, mientras es sodomizada por un anciano, este servicio cuesta lo mismo que ayudar a 3 huérfanos.

En una parte hay un abismo, un abismo sombrío, donde siempre llueve, hay niebla, y de la nada, surgen las cenizas que desvirgan a las mentes inertes, plagadas de fantasías eróticas con ropa; pueriles niños de no más de 14 años espían a sus vecinas de 13, que saben ya más de lo que ellos conocerán hasta los 19 años; mientras eso pasa, ancianas se prostituyen en una esquina, por un poco de heroína, lo necesitan para sus funciones vitales, los cietíficos descubrieron que puede extender la vida, y el periodo fertil de la mujer, aunque, es solo una invención para ganar dinero, pero, funcionan como placebos.

Mientras la policía practica atletismo en una carretera recién asfaltada, destinada exclusivamente a caminar; el premio es el jefe, el primero en llegar a la meta, puede practicar antropofagía, urofagia y coprofagia (en ese mismo orden) con él.

De los muchos milagros que nos brindó Cronos, están los recuerdos que a cada momento, se envejecen y despiden la adolescencia. La voluntad forzada alza las fortalezas de la angustia, encerrando la esperanza en una catacumba bajo el océano, custodiado por un gran Leviatán; la oscuridad de el día, es más densa que el de una noche sin palabras.
El viaje en paracaídas se hace enterno, aunque, ya lo terminé, no obstante, el sonido del viento me persigue, me transforma en un ser que se derrite ante la luz de la luna, en un paisaje onírico, en sepia, un desierto en blanco y negro, un paraje Argelino.

El insano grito violento, que proclaman los patriotas, ahorca y pudre la delgada línea de la libertad; el sufrimiento será una forma de placer en el desierto.

Un Oasis. Sin agua.

miércoles, 27 de julio de 2011

Escorpiones en la conciencia

Una cicatriz como evidencia de la verdad que no es de nuestra incumbencia, los recuerdos de una batalla están escritos en la arena, con sangre y vísceras; epitafios de héroes anónimos.

Rostros sin expresión comienzan a desfilar por el valle de la muerte, pisando la arena, removiendo las improvisadas tumbas de ladrones y patriotas por igual; el sol comienza a producir un sudor frío, no por el calor, sino por el miedo a morir bajo su luz.

Un coronel llora por su familia en casa, diciendo frases como: “Sería capaz de matar a mi familia y matarme para salir de acá y no dejarlos nunca”.

Escondido de manera cobarde tras ténues nubes, está el sol; quiere tener cautivos a los soldados, a los más valientes y más fuertes los va debilitando, creando eclipses en sus mentes, mostrándose junto a la luna, danzando de manera erótica, algunos hipnotizados se desprenden de sus ropas, sus grados y dignidad y se sodomizan, los otros contemplan aterrados, pero atraidos, sin embargo, su orgullo Argelino se los impide, Alá es muy impío. El coronel que ansiaba estar con su familia, comienza a llorar, la imagina por última vez, los besa, su mujer lo viola, mientras sus hijos lloran su dolor, después de esto, busca un sable, y se lo entierra en su abdomen, sus vísceras corren junto a su vergüenza, perdiéndose entre la orgía, la orina, excrementos y un par de escorpiones que buscan alimento.

Pequeños vergeles (luego de la escatológica orgía) se presentan ante sus ojos; vergeles de dátiles, pero por sobre todo, florecen ahí sus vergüenzas, sus recuerdos más trágicos y sus crímenes; vergeles desiertos de gloria, honor, esperanza y amor; los soldados corren hacia ellos, y se revuelcan en los venenosos dátiles, se revuelcan en sus mierdas, se impregnan de ellas, es casi su muerte en vida, los escorpiones siguen tras ellos.

Las lágrimas afloran de sus ojos, una mezcla de placer, dolor y nostalgia; sus culpas están olvidadas, lo que pasó en el cálido desierto Argelino, no será mencionado por nadie más que sus conciencias en cada momento de sus vidas, pero, no será transformado en palabra alguna.

Su futuro se presenta ante ellos en una tormenta de arena, muertes y crímenes de guerra, violaciones a pueblos pequeños, robo a gente pobre, subyugación ante el poder, derrota ante el enemigo. Una esclava promesa de sus infieles y estoicos superiores, se les dijo: "Maten, violen, torturen, sufran, traicionen, pero no se entreguen ante el honor; vivan en un desierto de valor".

El calendario se masturba, eyacula todas las fechas gloriosas, que salen en busca de un óvulo para fecundar sus buenos recuerdos y transportarlos al pasado; no existe tal óvulo, deboraron a la última mujer del desierto.

Los finales heroícos siempre incluyen un amanecer radiante; esta no fue la excepción: son héroes de sus valores, son sus propios salvadores; serán recibidos como mártires en vida, la gente piensa que el desierto es fácil.

Mientras yo me interno por Mauritania, intentando alcanzar el sur de Argelia: el desierto no es difícil, si eres un humano corrupto; el suelo se transforma en escorpiones, se hunde, me clavan su veneno, su elixir, veo lo lejos a los soldados; sacaré un cuaderno.

Mi infortunio es un pase de entrada a una poesía inexistente; soñé que caía, eternamente en paracaídas, mientras hablaba con Dios; la peor alucinación de todas, aunque, siempre me han agradado los paracaídas.

Se me olvidó cuando fue la última vez que me sentí bien, la última vez que me sentí humano, ahora me siento como un camello en el desierto siberiano; estos héroes de la patria faltos de lógica, seres falaces y sin fortaleza siquiera para no violarse entre ellos, me hacen mi vida más difícil, huí al desierto para alejarme de la normalidad, pero, estos tipos representan todo ello.

Encontré una guitarra, hecha con un tronco hueco, vellos púbicos y un cráneo, no suena; sin embargo, al pulsar cada "nota", se escuchan como un macabro eco los gritos de las niñas, los esfuerzos de los niños, los golpes inútiles de los padres, por evitar las violaciones, cada final de una melodía es la desvirgación de una pueril joven.

El desierto se transforma en un abismo, rocoso y rencoroso; el desierto no me transformó, fue un infierno en la tierra; aunque por momentos sentí la libertad de la ausencia de ley, fue un paraíso entonces.

Comandantes briagos dejan caer sus condecoraciones, y desvergüenzas; en sus cabezas no existen virtudes, más allá de un par de cabellos que cubren su calva del sol, que escudriña en sus conciencias, en búsqueda de una buena acción, de algo heróico, de algo valeroso.

Ya estoy en una ciudad, acá las personas son igual -o peor que los soldados-, solo que acá, no es bien visto ser un héroe.
Y acá hay guitarras, de cuerdas y cuerpo de madera, que cantan penas en cada nota; una emoción finita en lo infinito.

martes, 26 de julio de 2011

Una taza de leche.

El mar en una taza, las olas en un agitar de cuchara; con su metal atraviesa el fondo y transporta en si, toda la leche y el mar en una gota.

Fotografías en sepia de tiempos futuros, colgando bajo estantes de libros polvorientos, cerca de cortinas de lino; libros polvorientos de doctrinas religiosas y gobiernos totalitarios, de sociedades mormonas y de esclavos cristianos.

Armarios con polerones de gabardina, pantalones de lana, y poleras de cuero usadas por cortesanos Húngaros para sodomizar burgueses Italianos que adeudan impuestos.

El deceso de un gran héroe, peleando en pro de la libertad al derecho de tener sexo en público y ser masturbado por religiosas, derecho tan inherente a ellos como el placer de ser sodomizado por animales de granja.

El nacimiento de un raquítico niño los llena de esperanzas, es su porvenir, su esperanza, todo su sentir se deposita en aquel escuálido cuerpo; ellos quieren que supere sus espectativas de los 15 años, para iniciarlo como a todo hombre, quienes más ansían esto son sus padres, si no es iniciado, será una deshonra para la familia.

Dentro de todo esto, se considera como masturbación, cualquier estimulacuión genital producida por la boca, mano, pie, ano, prepucio, o nariz propias, además de cualquier estimulación que produzca placer sexual, realizada por un tercero y que además de lo anterior incluya objetos con formas fálicas, estimulaciones genitales con cualquier parte del cuerpo, estimulación auditiva o visual, además de una placentera sinfonía o una bella pintura; si, también es masturbación sentir placer por el arte.

Jóvenes atados a un gran árbol de alcornoque, al que le extrajeron su corcho para tapar botellas de cloroformo, con el cual los durmieron, corchos que vuelven a completar su muerte al lugar de nacimiento, el ciclo de vida del corcho es corto, y triste.

Estatuas religiosas llorando excrementos y defecando lágrimas, pero de sus heridas brota sangre, una verde sangre, verde por la putrefacción, pero no del cuerpo, la putrefacción de su espíritu, muerto y prisionero del yeso.

Las piedras por las que camino están ardiendo, se pegan a mi piel, se introducen en mi cuerpo; a medida que avanzo me petrifico, trataré de no quedar de manera vergonzosa; ya que seré estatua, intentaré quedar de forma que los perros me orinen, los niños me vomiten, y los ebrios me defequen; si seré estatua, que sea el monumento a lo absurdo.