domingo, 10 de noviembre de 2013

Bangladés(a)

Entre la India e Indochina hay un país
Perdido y olvidado por los hombres de occidente, y los de oriente, y los de arriba y los de abajo.
Es el país de los bengalíes.

País de ríos, donde van todas las almas cuando sus cuerpos cerraron los ojos.
Paraíso e infierno terrenal en cuando las almas se liberan de sus cadenas.

Tierra mística, pantanos mágicos, cerros llanos y valles picudos.
Tibio aire de arrozales.
Islas que son moradas de aquellos que dejaron esta vida.

Playa infinita al sur, que alcanza la selva birmana.
Gabriel descendió a esta tierra y expulsó a Brahma y a Visnú; Mahoma triunfó.

País perdido y paraíso inalcanzable, de geografía onírica y parajes de eterno verdor.

Fantasía perpetua de aquel cuya alma está encarcelada.
Pero mi fantasía reposa en otra geografía. Geografía carnal, alma contenida en tu país.

Tu cuerpo es aquel valle en que se encierra tu alma, cálida y apasionada.

Cosmografía celestial que encuentro al mirar tus ojos. Geografía divina que alcanzo al tocar tus cimas.
Hidrografía extácica en que me adentro al explorar tus ríos.

El país de los bengalíes será la fantasía irrealizable de los viajeros que no se mueven.
Tú eres mi sueño realizado, sueño de mi alma gozosa de encontrarse con la tuya.
Tu boca es aquel barco que me lleva a los ocultos rincones de tu geografía sagrada.

eres mi país soñado. eres. .

viernes, 18 de octubre de 2013

Te he querido tanto.

Como dice Manolo Otero:

"Te he querido tanto; y de tantas maneras, 
Que parece imposible inventar nuevas formas de amor. 

Te he querido con timidez 
cuando pensaba que era el único que amaba entre los dos. 

También con tristeza y añoranza 
cuando estaba solo pensando en ti y dándome cuenta 
que no sabía estar lejos de ti un momento. 

Te he querido tanto; y de tantas maneras,
que me parece imposible que nadie 
pueda llegar a quererte más que yo. 

Te he querido con paciencia 
por llegar a comprenderte y hacer mías tus ideas. 

Te he querido con egoísmo 
por no querer compartirte con nadie, por miedo a perderte. 

Te he querido a gritos 
cuando no escuchabas mis razones... 

Te he querido tanto... te he querido tanto 
y de tantas maneras.

Te he querido tanto; y de tantas maneras, 
que parece imposible inventar nuevas formas de amor. 

Te he querido con el deseo y el ansia 
por hacer el amor contigo, hasta consumirnos los dos. 

Y sé que tú me quieres 
por haber compartido tantas cosas. 

Te he querido tanto; y de tantas maneras, 
que parece imposible que hoy 
haya un solo modo de amarte.

Te he querido tanto,
que sé que me quieres tanto como te quiero yo."

Y como digo yo:

"Te amo, Karen".

sábado, 12 de octubre de 2013

Goce

A mí me encantas tú,
ese goce que va de tu cuerpo a tu alma, 
que ningún otro ente, ni físico ni metafísico, puede llenar.

Mujer, celestial y carnal,
visible y oculta;
tú, la que lleva un Alicia luego de la bienvenida.

Amo tus palabras, puerta de tu pensamiento,
amo tu cuerpo, espejo de tu cielo,
amo tu alma, alma misma. Te amo, linda Karen.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Mañana

Mañana me levantaré a las 5:37, hacia las 5:50 estaré vistiéndome para desayunar a las 6:10 y salir de la casa a las 6:17. Tomar la micro a las 6:45 y llegar a puerto a las 8 en punto.

Entrar a la facultad, vacía por lo demás, saludar al portero y entrar al casino. Bajar una silla del mesón y sentarme a esperar media hora a que llegue gente. Rutina asesina.


Entraré a clases y es probable que no apruebe el ramo. Da igual, se puede tomar de nuevo.
Saldré de la sala sin tener nada que hacer, salvo tomar una micro incómoda y volver a Quillota; quizá algún chofer me alegre la vida, y espero que así sea.

Voy a llegar a la casa, y no habrá mucho que hacer, salvo almorzar, y ponerme a estudiar, esa cosa que tanto odio pero que me jacto de amar.

Será esa rutina asquerosa del leer, sintetizar, anotar; repite y pasa al siguiente texto. Todo para ir al otro día a la misma facultad mísera y fría, con esas caras deprimentes y esa atmósfera de odio latente.

Daré el examen con el único ser humano de esta tierra a quien nunca he visto -ni quizá vera- reír. Y sin embargo, a pesar de todo esto, no estoy deprimido, ni triste, ni agobiado, ni nada que pudiera parecérsele.

Después de ese último examen cambiará el día, y no será ni el chofer, ni mi madre, ni los deliciosos encantos del azúcar los que me darán el encanto de vivir. Quizá sea algo dulce, pero no es esa dulzura vulgar de los caramelos. Es la dulzura celestial de un par de labios, de una lengua cálida, húmeda. De una mirada sincera, de una conversación honesta, de una tomada de manos sudorosa pero enérgica y de un par de horas cortas pero valiosas.

Me voy a juntar contigo después de clases, como dos niños que se esconden de sus padres y esconden su amor del mundo con inexpertos besos en una banca oculta. Como ese par de niños que se van a dejar al paradero y se besan atentos a que no los vean, cuando lo único que quieren es que los vean todos dándose un beso lleno de fluidos.


Que se despedirán pegando su vista en los ojos del otro a medida que la micro se mueve, y que van a llegar a la casa corriendo a ver quién llegó primero, con un fin de competencia tan absurdo, tan inocente, tan puro, que traspasa cualquier perversión.

Y que van a querer volver a verse, para darse más besos torpes, tomarse las manos nerviosas y abrazarse con las lenguas, sin los brazos, sólo conversando el uno con el otro.

Así son mis días contigo, así quiero que sean y así te quiero en ellos.

Oye, ¿te cuento un secreto? me gustas; me encantas. Te quiero; te amo.

martes, 20 de agosto de 2013

Idea.

Sí, sí, sí. Sí, te amo.

No, ahora no quiero sonar "poético" (meloso, más bien).

Te extraño, me hice dependiente de tus besos, me hice dependiente de tus abrazos, de tus miradas sugerentes, de tus cosquillas que me provocaban, de esa lengua cálida y a ratos excitante... de todo, de todo tu ser, de todo tu cuerpo, de toda tu persona.

Mas no los tengo como quisiera, aunque tampoco se han marchado. Pero si no puedo tenerlos de la forma que quiero, me conformo con el recuerdo de ellos. Me conformo con robarte un beso, porque siento como que te estuviera conociendo nuevamente; como los primeros días. Y si tanto los extraño es mejor, porque en el momento en que se vuelvan a repetir serán como el primero, el más torpe y sonso de todos. 

Así que empezaré a extrañarte, casi como si no te tuviera, para de esa forma, amarte de más maneras y anhelarte mucho más.

Por la chucha que te extraño. Sí, a ti te hablo, te espero y seguiré esperando conforme vayan pasando los días.

sábado, 17 de agosto de 2013

Sí, pregúntame todo lo que quieras pues la respuesta será invariable y segura.
Sí, te amo. Te amo.

Te amo, I love you, Je t'aime... da igual, no voy a aprender todos los dialectos para decirlo, si con solo mirarme basta para saberlo.


Te amo, a ti, tú sabes quién eres. Tú que sabes que el valor de un libro va en la compra y no en el número.
Tú, tú y sólo tú.

El/los día/s

El nido. El nido en el piso más alto.
En el cerro más distante.
En la vista más rara.
En el día más denso.
En el bus más extraño.

El día. Primer día que nació al atardecer de un miércoles y murió al mediodía del viernes.

El día. Único día con dos noches y dos amaneceres.
El día. Único con dos soles. Único con dos lunas.
Sin mirar por mi ventana, porque esos dos astros los podía tocar.
El día, día de lento avanzar, de relojes muertos, de comidas juntos.

El día de la Virgen del Carmen. El día de la Virgen. El día. Día.

El día más largo de mi vida.
Porque había algo de magia, de ciencia oculta que pudo unir tantas horas y crear de ellas un solo día.

Fue como un paseo juntos, tomados de los labios.
Como una siesta juntos, hechos uno solo.
Como un beso en la lluvia, con un techo encima.
Como ver más allá apenas dejando el instante de pasado que se desvanece.

Sí, su piel de terciopelo desterró al frío durante aquel día.

viernes, 31 de mayo de 2013

Noche de Mayo.

Si pudiera hacerte comer una granada.
Si pudiera hacerte bajar a los infiernos.
O llevarte al paraíso.
Retenerte y alterar las estaciones.
Y que seas mi Perséfone.
Lo haría.

Si fuese Dante.
Si tuviese que viajar por el infierno.
Y pasar todas las penurias para llegarte a encontrar en el paraíso.
Lo haría.

Aunque estuvieras prisionera en el subsuelo.
Y ni Caronte, ni el Cerbero.
Ni el mismo Dios me lo permitieran.
Los desafío.
Lo hago.

¿Cómo te explico?
Soy fanático de tu cuerpo.
Soy sediento de tus labios.
Soy amante de tus besos.
Soy seguidor de tus pasos.

No puedo imaginarte.
Porque imaginarte es reducirte a una idea.
Idea fugaz, idea temporal.
Lejana, alejada de ti.
De lo que eres y lo que me produces.

Si hubiese un término.
Una palabra.
Una sílaba.
Sintética y precisa
para explicar lo que siento por ti.
Sería tan larga, que prefiero escribirte esto.

Porque ahora te anhelo, te siento.
Siento tu calor, tu aliento.
El roce de tu pelo con mis dedos marchitos.
El roce de tu cuello con mis labios partidos.
El roce de tu piel con mis manos temblorosas.

Porque me has llevado a viajar.
Sin salir siquiera de nuestro nido.
Un viaje más largo que el de Dante.
En menos tiempo.
Con menos caminar.

Es el viaje que me produce cada beso.
Cada palabra.
Cada caricia que me das.
Cada momento en que te miro; nos miramos.
Ese viaje, que no es al infierno ni al paraíso.
Pues es el paraíso mismo.

Paraíso recorrido.
Mil veces alcanzado.
Que no debía conocer hasta que mi alma dejase mi cuerpo.
Pero conocí una noche fría de Mayo.
Sin viajar como Dante en busca de su Beatriz.

Tímidos y temerosos nos aventuramos en ese viaje.
Mágico y surreal.
Dulce y carnal.
Breve y de éxtasis.

Porque nos hicimos uno con las hojas danzantes del otoño.
O el preciso vaivén del reloj.
O el perfecto mover del péndulo.
Nos movimos.
Nos entregamos.
Nos disfrutamos el uno al otro.

Y como en la piedra tallada.
Quedó esa imagen en mi memoria ya senil.
Como braza ardiente en la carne quedó marcada.
Como beso dulce de medianoche.
Como beso juntos mirándonos a los ojos.
Tumbamos en una cama o una pradera.
¿qué más da dónde?

Seguir agregando palabras sería tan hereje como imaginarte.
No eres digna de ser imaginada y reducida a una imagen.
Puedo recordarte, sentirte; sentir tu calor.
Tu cariño y tu cálido abrazo.
Tu voz perdida en la noche oscura.
Tu cuerpo y el mío.
Bellos y entregados.

Seguir agregando palabras sería matar el momento.
Pues no se vive con palabras.
Pues no se vive con memoria.
Pues no se vive con imágenes.
Se vivió en una noche fría.
Y esa noche fría vivirá por sí misma.
Por siempre para nosotros dos.

sábado, 18 de mayo de 2013

Antípodas.


Claro / oscuro
Amor / odio
Infinito / vacío
Blanco / negro
Tú / yo
Todo / nada

Las antípodas irreconciliables, que cuando encuentran el punto de unión logran ser algo.

¿Qué éramos? éramos tú y yo, dos antípodas nadando entre otras; éramos nada inmersos entre todos y damos a entender que éramos todo nadando entre la nada.

De la nada al todo, y de retorno a la nada; nada, es mejor nada. Éramos nada y al final descubrimos que éramos todo.

¿Es mejor nada?
¿Qué será mejor?

No me recuerdes como nada ni como todo, recuérdame como yo te recuerdo a Ti.

viernes, 3 de mayo de 2013

El cantar entre cantares.


Enloquecido por la textura de tu voz.
Escucho tus palabras y me pierdo en el mover de tus labios.
Tus yemas remueven la aridez de mi cabello.
Tus dedos destruyen las fibras de mi camisa con su ardor.
Tus manos envuelven las mías en un manto maternal.

Desaparece mi imaginación; se desvanece.
Nada fuera de lo real se presenta contigo.
Siento el calor de tu boca, la textura de tu lengua, el sabor de tus labios.
Cúbreme de calor; amor, del cielo a la boca.

Te deslizas con tus labios y casi tocas mis nervios.
Decir que bajas el cielo es poco.
Decir que eres un ángel igual.
Decir que me encanta tu ser es justo.

Amo seguir de norte a sur el calor de tu boca.
Deslizar mis labios por el suave y elegante camino a tu pecho.
Perderme en el brillo de ese par de bellas estrellas tuyas, situadas ahí, en medio de tu geografía.
Seguir el valle que corre por tu pecho.
Tocar la fibra de tu ombligo con mis labios.
Y seguir descendiendo, como cometa en el cielo nocturno.

Alcanzar aquella fuente de tu juventud, oculta ante los ojos de Dios y los hombres.
Sentir cómo la humedad de tu cuerpo acaricia mis marchitos labios.
Sentir cómo rejuvenecen con cada toque de tu calor.
Sentirte en tu esencia.
Besarte en tu perfección.

Regar tus pétalos con la humedad que brota de mi boca;
impregnarla con el corazón de tu fruto.
Alzar la vista, y volver a verte entre tus colinas.
Ver tu fino cuello, luego.
Lento y ascendiendo nuevamente:
tocar el el borde de tu ombligo, el valle de tu pecho.
Tus estrellas de constelación divina.
El elegante camino de tu cuello y regresar; al comienzo.
De vuelta al Génesis.
Como volver a nacer.

Desenvolverme de tu manto.
Recomponer mi camisa.
Ordenar mi cabello.
Escuchar tus palabras del mover de tus labios.
Y enloquecer, nuevamente, por la textura de tu voz.


Y es sólo una parte, una ínfima parte.
Porque eres un cosmos.
Gran alma plagada de belleza.
Si tuviera que escribir a cada parte tuya que me encanta,

llenaría las esferas celestes de mis palabras.