Enloquecido por la textura de tu voz.
Escucho tus palabras y me pierdo en el mover de tus labios.
Tus yemas remueven la aridez de mi cabello.
Tus dedos destruyen las fibras de mi camisa con su ardor.
Tus manos envuelven las mías en un manto maternal.
Desaparece mi imaginación; se desvanece.
Nada fuera de lo real se presenta contigo.
Siento el calor de tu boca, la textura de tu lengua, el sabor de tus labios.
Cúbreme de calor; amor, del cielo a la boca.
Te deslizas con tus labios y casi tocas mis nervios.
Decir que bajas el cielo es poco.
Decir que eres un ángel igual.
Decir que me encanta tu ser es justo.
Amo seguir de norte a sur el calor de tu boca.
Deslizar mis labios por el suave y elegante camino a tu pecho.
Perderme en el brillo de ese par de bellas estrellas tuyas, situadas ahí, en medio de tu geografía.
Seguir el valle que corre por tu pecho.
Tocar la fibra de tu ombligo con mis labios.
Y seguir descendiendo, como cometa en el cielo nocturno.
Alcanzar aquella fuente de tu juventud, oculta ante los ojos de Dios y los hombres.
Sentir cómo la humedad de tu cuerpo acaricia mis marchitos labios.
Sentir cómo rejuvenecen con cada toque de tu calor.
Sentirte en tu esencia.
Besarte en tu perfección.
Regar tus pétalos con la humedad que brota de mi boca;
impregnarla con el corazón de tu fruto.
Alzar la vista, y volver a verte entre tus colinas.
Ver tu fino cuello, luego.
Lento y ascendiendo nuevamente:
tocar el el borde de tu ombligo, el valle de tu pecho.
Tus estrellas de constelación divina.
El elegante camino de tu cuello y regresar; al comienzo.
De vuelta al Génesis.
Como volver a nacer.
Desenvolverme de tu manto.
Recomponer mi camisa.
Ordenar mi cabello.
Escuchar tus palabras del mover de tus labios.
Y enloquecer, nuevamente, por la textura de tu voz.
Y es sólo una parte, una ínfima parte.
Porque eres un cosmos.
Gran alma plagada de belleza.
Si tuviera que escribir a cada parte tuya que me encanta,
llenaría las esferas celestes de mis palabras.
Desenvolverme de tu manto.
Recomponer mi camisa.
Ordenar mi cabello.
Escuchar tus palabras del mover de tus labios.
Y enloquecer, nuevamente, por la textura de tu voz.
Y es sólo una parte, una ínfima parte.
Porque eres un cosmos.
Gran alma plagada de belleza.
Si tuviera que escribir a cada parte tuya que me encanta,
llenaría las esferas celestes de mis palabras.
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