Si pudiera hacerte comer una granada.
Si pudiera hacerte bajar a los infiernos.
O llevarte al paraíso.
Retenerte y alterar las estaciones.
Y que seas mi Perséfone.
Lo haría.
Si fuese Dante.
Si tuviese que viajar por el infierno.
Y pasar todas las penurias para llegarte a encontrar en el paraíso.
Lo haría.
Aunque estuvieras prisionera en el subsuelo.
Y ni Caronte, ni el Cerbero.
Ni el mismo Dios me lo permitieran.
Los desafío.
Lo hago.
¿Cómo te explico?
Soy fanático de tu cuerpo.
Soy sediento de tus labios.
Soy amante de tus besos.
Soy seguidor de tus pasos.
No puedo imaginarte.
Porque imaginarte es reducirte a una idea.
Idea fugaz, idea temporal.
Lejana, alejada de ti.
De lo que eres y lo que me produces.
Si hubiese un término.
Una palabra.
Una sílaba.
Sintética y precisa
para explicar lo que siento por ti.
Sería tan larga, que prefiero escribirte esto.
Porque ahora te anhelo, te siento.
Siento tu calor, tu aliento.
El roce de tu pelo con mis dedos marchitos.
El roce de tu cuello con mis labios partidos.
El roce de tu piel con mis manos temblorosas.
Porque me has llevado a viajar.
Sin salir siquiera de nuestro nido.
Un viaje más largo que el de Dante.
En menos tiempo.
Con menos caminar.
Es el viaje que me produce cada beso.
Cada palabra.
Cada caricia que me das.
Cada momento en que te miro; nos miramos.
Ese viaje, que no es al infierno ni al paraíso.
Pues es el paraíso mismo.
Paraíso recorrido.
Mil veces alcanzado.
Que no debía conocer hasta que mi alma dejase mi cuerpo.
Pero conocí una noche fría de Mayo.
Sin viajar como Dante en busca de su Beatriz.
Tímidos y temerosos nos aventuramos en ese viaje.
Mágico y surreal.
Dulce y carnal.
Breve y de éxtasis.
Porque nos hicimos uno con las hojas danzantes del otoño.
O el preciso vaivén del reloj.
O el perfecto mover del péndulo.
Nos movimos.
Nos entregamos.
Nos disfrutamos el uno al otro.
Y como en la piedra tallada.
Quedó esa imagen en mi memoria ya senil.
Como braza ardiente en la carne quedó marcada.
Como beso dulce de medianoche.
Como beso juntos mirándonos a los ojos.
Tumbamos en una cama o una pradera.
¿qué más da dónde?
Seguir agregando palabras sería tan hereje como imaginarte.
No eres digna de ser imaginada y reducida a una imagen.
Puedo recordarte, sentirte; sentir tu calor.
Tu cariño y tu cálido abrazo.
Tu voz perdida en la noche oscura.
Tu cuerpo y el mío.
Bellos y entregados.
Seguir agregando palabras sería matar el momento.
Pues no se vive con palabras.
Pues no se vive con memoria.
Pues no se vive con imágenes.
Se vivió en una noche fría.
Y esa noche fría vivirá por sí misma.
Por siempre para nosotros dos.
viernes, 31 de mayo de 2013
sábado, 18 de mayo de 2013
Antípodas.
Claro / oscuro
Amor / odio
Infinito / vacío
Blanco / negro
Tú / yo
Todo / nada
Las antípodas irreconciliables, que cuando encuentran el punto de unión logran ser algo.
¿Qué éramos? éramos tú y yo, dos antípodas nadando entre otras; éramos nada inmersos entre todos y damos a entender que éramos todo nadando entre la nada.
De la nada al todo, y de retorno a la nada; nada, es mejor nada. Éramos nada y al final descubrimos que éramos todo.
¿Es mejor nada?
¿Qué será mejor?
No me recuerdes como nada ni como todo, recuérdame como yo te recuerdo a Ti.
viernes, 3 de mayo de 2013
El cantar entre cantares.
Enloquecido por la textura de tu voz.
Escucho tus palabras y me pierdo en el mover de tus labios.
Tus yemas remueven la aridez de mi cabello.
Tus dedos destruyen las fibras de mi camisa con su ardor.
Tus manos envuelven las mías en un manto maternal.
Desaparece mi imaginación; se desvanece.
Nada fuera de lo real se presenta contigo.
Siento el calor de tu boca, la textura de tu lengua, el sabor de tus labios.
Cúbreme de calor; amor, del cielo a la boca.
Te deslizas con tus labios y casi tocas mis nervios.
Decir que bajas el cielo es poco.
Decir que eres un ángel igual.
Decir que me encanta tu ser es justo.
Amo seguir de norte a sur el calor de tu boca.
Deslizar mis labios por el suave y elegante camino a tu pecho.
Perderme en el brillo de ese par de bellas estrellas tuyas, situadas ahí, en medio de tu geografía.
Seguir el valle que corre por tu pecho.
Tocar la fibra de tu ombligo con mis labios.
Y seguir descendiendo, como cometa en el cielo nocturno.
Alcanzar aquella fuente de tu juventud, oculta ante los ojos de Dios y los hombres.
Sentir cómo la humedad de tu cuerpo acaricia mis marchitos labios.
Sentir cómo rejuvenecen con cada toque de tu calor.
Sentirte en tu esencia.
Besarte en tu perfección.
Regar tus pétalos con la humedad que brota de mi boca;
impregnarla con el corazón de tu fruto.
Alzar la vista, y volver a verte entre tus colinas.
Ver tu fino cuello, luego.
Lento y ascendiendo nuevamente:
tocar el el borde de tu ombligo, el valle de tu pecho.
Tus estrellas de constelación divina.
El elegante camino de tu cuello y regresar; al comienzo.
De vuelta al Génesis.
Como volver a nacer.
Desenvolverme de tu manto.
Recomponer mi camisa.
Ordenar mi cabello.
Escuchar tus palabras del mover de tus labios.
Y enloquecer, nuevamente, por la textura de tu voz.
Y es sólo una parte, una ínfima parte.
Porque eres un cosmos.
Gran alma plagada de belleza.
Si tuviera que escribir a cada parte tuya que me encanta,
llenaría las esferas celestes de mis palabras.
Desenvolverme de tu manto.
Recomponer mi camisa.
Ordenar mi cabello.
Escuchar tus palabras del mover de tus labios.
Y enloquecer, nuevamente, por la textura de tu voz.
Y es sólo una parte, una ínfima parte.
Porque eres un cosmos.
Gran alma plagada de belleza.
Si tuviera que escribir a cada parte tuya que me encanta,
llenaría las esferas celestes de mis palabras.
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