lunes, 20 de junio de 2011

Tú.

No engalanes tu cuerpo de flores.
Desnúdalo y entrégate a la naturaleza que lo vio, tal como estás ahora.
Deja que el cielo se maraville, y las plantas florezcan con el color de tu piel, las aves canten con el color de tus ojos, el viento corra con el largo de tu pelo, y deslúmbrame con la hermusura de tu geografía.

No adornes siquiera la suavidad de tus labios.
No cambies siquiera la el sabor de tu boca.
No cambies la manera como tu lengua se desliza como una lágrima en la mejilla por mi piel.
No tapices tampoco tus palabras, ni cambies tu pasión.
Es suficiente así, con el sabor exacto.
El sabor de tu deseo contenido.
Traducido en palabras ardientes como el rescoldo de la arena, y caricias, caricias que rozan mis nervios, caricias que me hacen volar.

Ni siquiera pienses en vestirte, déjame contemplarte así, como un creador, un ser superior, que no es más magnificente que tu belleza te lanzó al frío mundo.
Ven conmigo, entreguémonos el uno al otro.
Danzemos en nuestro lecho de amor, al compás del péndulo de un reloj.
Quiero a belleza de tu juventud, de tu apariencia inocente.
La humedad y el sabor de tu tesoro más preciado.
Las caricias más sensibles, más tórridas.
Más inpensadas.
Más inmorales.
Me entrego a ti, soy uno contigo.
Con tu danzante cuerpo.
Somos uno solo.
Bailando al ritmo de nuestros latidos.
De nuestros impulsos.

Empapémonos de sudor.
Ahoguémonos en calor.
Gritemos de placer, una bella melodía.
Caigamos a un abismo, juntos, uno solo.
Sintamos como cada uno corre dentro del otro.
Contemplemos la belleza de nuestros cuerpos.
Y fusionémonos en un beso, húmedo, tenue y perpetuo.

sábado, 18 de junio de 2011

La lluvia cae cae...

Veo caer la lluvia, el formidable telón de agua trae a mi, cien recuerdos de ti.
Y mientras me envuelve en su manto.
La historia de la música de tus ojos, viene a mis oídos.
Un poema en tu cuerpo.
Leo en toda tu piel.

La lluvia, trae una sombra.
Tu silueta, un eco que retumba en todos lados.
La atmósfera de aquella tarde de amor.
De esa eterna promesa sin palabras.
De el juramento de tus labios.
Sellado en un húmedo y largo beso.

Con la lluvia vuelven los recuerdos.
El frío que nos quitamos con abrazos y caricias.
Mojados bajo un infinito llanto celestial.
Fría, pero cálida para nosotros.

Sé que al salir y caminar bajo la lluvia, tu imagen irá junto a mi.
Sentiré el calor de tu mano junto a la mía.
Sentiré la humedad de tus labios sobre los míos.
Casi rozando mis nervios.
Sentiré el agua callendo por nuestros rostros.
Pasando por tus rizados cabellos.

El recuerdo de ese ecléctico momento.
El calor insípido en medio del frío.
El abrazo de nuestros cuerpos.
........
Y sólo es lluvia, agua cayendo del cielo.

viernes, 17 de junio de 2011

Mi estigia

Fanático de las aureolas de tus pechos
Escucho tu discurso, me bizqueo en tus labios.
Tus uñas rastrillan mi frente de hombre rústico.
Tus manos destrozan las fibras de mi camisa, con su ardor.
Estás desnuda en mis manos, cubiertas de terciopelo.

Es una crisis de imaginación.
Me desvanece.
La inflamación de la consumación de tus pensamientos.
Se va mi energía.
Me escabullo como un gato..
Eres mi matriz, me desvanezco.

Te deslizas con tus labios, casi tocando mis nervios.
Las campanas de la hora no existen para alguien como tú.
Debes tomar un vuelo, mañana a primera hora, se dirige al oriente.
Deberías dormir, pero tu pasión es como un ciclo solar, eterno y constante.

Esto es una crisis existencial.
Me haces parte de tí.
Hazme parte de tí.
Llévame con tus brazos a recorrer tu geografía; tan bella como la magnificente península Itálica.
Es el comienzo de mi soledad, el paroxismo que me envuelve.
Eres oscura, me atrapas.

Caronte, llévame al otro lado del estigia.
Quiero cruzar con ella, la llama de la pasión a los Campos Elíseos.
Te daré dos monedas.
Una por ti.
Otra por nuestra pasión no consumada.
Caronte, llévanos al otro lado.
Sácanos del infierno.
Y tú, haz que me deje llevar por la llama de tu frenesí, sempiterno y magmánimo.

Me haces parte de tí.
Somos uno solo en este momento.
El vaivén del reloj es lo único que puede ser alegórico a nuestro movimiento.
El calor de tus labios, la humedad de tu lengua me soslayan a ser casi un autómata.
Un ser sin otra voluntad más allá de la que me da tu calor, tu pasión.

Siento tu sudor, tu calor invadiendo mi cuerpo.
Aquella amalgama de sensaciones que produce el pasar de tus labios.
Es el néctar de Zeus pasando por mi ser.
Somos uno en este momento.
Estoy dentro de ti.
Como tú sobre mi.
Dejándonos caer.
Como dos plumas que ondean el aire.
En el extasis de delirio.

Llegamos al paraíso, sin haber ido al cielo.
Sellamos nuestras existencias, con el movimiento de las hojas al viento del otoño.