martes, 26 de julio de 2011

Una taza de leche.

El mar en una taza, las olas en un agitar de cuchara; con su metal atraviesa el fondo y transporta en si, toda la leche y el mar en una gota.

Fotografías en sepia de tiempos futuros, colgando bajo estantes de libros polvorientos, cerca de cortinas de lino; libros polvorientos de doctrinas religiosas y gobiernos totalitarios, de sociedades mormonas y de esclavos cristianos.

Armarios con polerones de gabardina, pantalones de lana, y poleras de cuero usadas por cortesanos Húngaros para sodomizar burgueses Italianos que adeudan impuestos.

El deceso de un gran héroe, peleando en pro de la libertad al derecho de tener sexo en público y ser masturbado por religiosas, derecho tan inherente a ellos como el placer de ser sodomizado por animales de granja.

El nacimiento de un raquítico niño los llena de esperanzas, es su porvenir, su esperanza, todo su sentir se deposita en aquel escuálido cuerpo; ellos quieren que supere sus espectativas de los 15 años, para iniciarlo como a todo hombre, quienes más ansían esto son sus padres, si no es iniciado, será una deshonra para la familia.

Dentro de todo esto, se considera como masturbación, cualquier estimulacuión genital producida por la boca, mano, pie, ano, prepucio, o nariz propias, además de cualquier estimulación que produzca placer sexual, realizada por un tercero y que además de lo anterior incluya objetos con formas fálicas, estimulaciones genitales con cualquier parte del cuerpo, estimulación auditiva o visual, además de una placentera sinfonía o una bella pintura; si, también es masturbación sentir placer por el arte.

Jóvenes atados a un gran árbol de alcornoque, al que le extrajeron su corcho para tapar botellas de cloroformo, con el cual los durmieron, corchos que vuelven a completar su muerte al lugar de nacimiento, el ciclo de vida del corcho es corto, y triste.

Estatuas religiosas llorando excrementos y defecando lágrimas, pero de sus heridas brota sangre, una verde sangre, verde por la putrefacción, pero no del cuerpo, la putrefacción de su espíritu, muerto y prisionero del yeso.

Las piedras por las que camino están ardiendo, se pegan a mi piel, se introducen en mi cuerpo; a medida que avanzo me petrifico, trataré de no quedar de manera vergonzosa; ya que seré estatua, intentaré quedar de forma que los perros me orinen, los niños me vomiten, y los ebrios me defequen; si seré estatua, que sea el monumento a lo absurdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario