sábado, 20 de agosto de 2011

Amor de un par de cuadras

El día estaba nublado, la llovizna golpeaba de manera persistente mi rostro, y a pesar de ser suave, cada momento bajo su manto, convertía mi ropa gradualmente en un estropajo. Caminé un par de cuadras y la micro se asomó lentamente en el horizonte, me afirmé de un árbol y esperé; por fin tenía ya un refugio a la insipiente lluvia.

A pesar de ir prácticamente vacía, me senté en los últimos asientos, el suave vaivén y lo suaves que me resultaban, me hicieron dormitar y recorrí media ciudad; cuando pude abrir mis ojos, sólo quedaba un asiento desocupado, el que estaba al lado mío, cosa que no me importó mayormente, y cerré los ojos. Un momento después, se sube en un paradero una joven, lo recuerdo porque vi su silueta venir lentamente hacia mi, y sentarse, sacar un pañuelo y ponerlo en su cuello, su perfume me adormeció, una mezcla de olores dulces con el olor de la tierra bañada por la lluvia; seguí durmiendo, pero, no tan profundamente.

Abrí los ojos, y era ya la mitad de mi camino, la joven que iba a mi lado, me tenía casi hipnotizado, su olor era cautivador; de un momento a otro, saca un dulce, y comienza a comerlo, escuchaba el sonido del dulce recorriendo cada rincón de su cavidad bucal, su lengua, deslizándose suavemente por el caramelo, desintegrando su azúcar, escuchaba su boca abrirse, y despegar sus labios, escuchaba su respiración, agitada por el éxtasis del azúcar; moviéndo su cuerpo, al ritmo de lo inestable del camino, y su acaramelado aliento, que escapaba de su boca, con cada lamida que daba al dichoso caramelo.
Necesitaba despertar, pero me encontraba en ese estado de vigilia en que se está conciente pero imposibilitado de moverse; fue mi obsesión, era mi razón del viaje ver su rostro, y escuchar su voz, que imaginaba suave, dulce; su respiración se hacía fuerte, así como el sonido de su lengua, sus dientes, sus labios, su saliva haciendo acción contra el azúcar. El sonido del motor, los llantos, la lluvia no existía, mis sentidos estaban centrados en ella.

Estaba a 5 cuadras de mi casa, y ella se para, afirma sus manos, su piel, suave, tersa, fría tocaron mi inmovil, inexpresivo y dormido rostro; al fin escuché su voz diciendo "Me deja en la esquina", era dulce, melodiosa, como una nota perfecta de un instrumento; con el freno y su estruendoso sonido al fin desperté, e intenté incorporarme pero era ya tarde, su figura, delgada y sutil se perdía en la oscuridad y los árboles. El sonido de su respiración quedo grabado a fuego en mi mente, aquellos sonidos mágicos; la imagen creada de sus labios, moviéndose con cada lamida a su dulce, y su resipiración fueron motivo de mis sueños, durante un largo tiempo. Desde ese largo viaje en micro, mi obsesión ha sido ella, la misteriosa joven del aliento dulce, a quien día a día escribo, y espero sentado en el paradero, día y noche, con lluvia o con sol.

Nunca más la vi, pero su figura, la imagen de ella, su voz y aquellos sonidos que me llevaron a un éxtasis en el sueño, son mi razón de vivir; al menos por ahora.

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