Hoy caminé por las mismas calles de siempre.
Llegué a la misma calle donde te vi siempre.
Entré a los mismos lugares en que entro siempre.
E hice las mismas cosas que hago siempre.
Es que todo está planeado, todo es siempre igual.
Una rutina de nunca acabar.
Pero hoy no quise ver.
Hoy no oculté mis bolsas, porque me quería ver ridículo.
Hoy oculté mi rostro, porque no quería ser advertido.
Hoy crucé, miré y no miré, me perdí entre la gente, con la esperanza de no verte.
Aunque lo que más quería era frente a mí tenerte.
Intenté perderme entre motores, y brazos ajenos.
Tapar mi rostro de negro.
Y no tener el olor de siempre.
Ser a mí mismo diferente.
No, hoy no por favor.
Hoy caminé la misma calle de siempre, con la intención de no verte.
Desde ahora caminaré esa calle, como siempre ha sido.
La calle del comercio, de los ruidos eternos, de los árabes y sus tiendas.
La calle de la locomoción exclusiva.
La calle donde estás, y estarás.
Esa maldita y atestada calle, para verte más, y más, y más, y más...
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